Hoy en día conocemos a Cádiz como la coqueta y pequeña ciudad que se adentra en el mar y cuyo puerto fuera nexo de unión entre Europa y América donde desembarcaran nuevas ideas, pensamiento, cultura y tradiciones.

También conocemos a Cádiz por su carácter, por la amabilidad de sus gentes y por supuesto por su sentido del humor y como no, por sus playas y su luz.

Pero no podemos olvidarnos que Cádiz es una ciudad trimilenaria. Cádiz es la ciudad viva más antigua de todo occidente, más antigua que Roma, París y Berlín. Y todas las culturas que han pasado por esta ciudad lo han hecho sobre un mismo espacio físico.

 

Recuerdo de niño a mi abuela decirme que al ser Cádiz tan pequeñito, los Cádiz de las diversas culturas se han ido construyendo uno encima del otro, como las capas de una tarta. Hoy disfrutamos de una ciudad construida y levantada en su mayor parte en los siglos XVII y XVIII pero queda bajo ella un Cádiz oculto conformado por todos aquellos pueblos que habitaran este pequeño espacio de tierra durante siglos.

Las meriendas donde descubrí el Cádiz oculto

Para proseguir este artículo continuaré evocando los recuerdos de aquellos relatos que escuchaba de mi abuela y que siempre me dejaban boquiabierto, despertando en todo momento mi fascinación por ese Cádiz oculto a los ojos de los demás y que ha sido objeto de cantidad de leyendas y rumores.

Durante esas tardes lluviosas de los domingos de invierno me encantaba merendar en casa de mi abuela, pues además de niño estaba bastante gordito y me madre suprimió la merienda desde una edad bien temprana. Siendo una oportunidad única para saltarse las prohibiciones de mi madre.

A lo largo de esas meriendas, a las que acudía como mero espectador, se sucedían infinidad de conversaciones entre mi abuela y alguna amiga o familiar que conformaran “la visita” de esa tarde.

Comentarios sobre moda, cotilleos sobre familias de Cádiz, nacimientos, entierros… todos esos temas estaban a la orden del día en aquellas meriendas de domingo y por supuesto historias de Cádiz que las aguardaba siempre con tanta expectación como quien espera semana tras semana ver el nuevo capítulo de su serie favorita.

Las cuevas de Hércules

No podré olvidar como en una de dichas meriendas, mi abuela en tono jocoso comentaba “Recuerdo a mi madre decir que unos parientes suyos vinieron a pasar una temporada a Cádiz alquilando una casa en la plaza de Mina.

Los primeros días todo fue estupendo, pero al cabo de unas semanas, al llegar la noche escuchaban ruidos extraños, objetos arrastrados, sonidos de cadenas… que comenzaron a aterrar a los nuevos habitantes de la casa.

Estos ruidos prosiguieron todas y cada una de las noches, finalizando al alba y a los que nadie encontraba más explicación que no fuera recurriendo a casos de espíritus y espectros paranormales. Finalmente estos familiares entre asustados y faltos de sueño abandonaron Cádiz antes de la fecha prevista para no regresar nunca más a esa casa.”

Pero el relato no finaliza con la historia de fantasmas, sino que, como buena hija de persona de ciencias que era, tenía su desenlace y la explicación a tales hechos, si bien, con dos versiones distintas.

La primera versión contaba que en dicha casa existía una entrada a unas cuevas que comunicaban la vivienda con el mar, siendo una vía de entrada del contrabando en la ciudad, por lo que los contrabandistas asustaron a los habitantes para poder seguir usando dicha entrada.

La otra versión, decía que por debajo de la casa pasaban unos túneles por los que los contrabandistas introducían las mercancías en Cádiz y que los ruidos no eran más que la propia actividad de los contrabandista arrastrando las cajas cargadas de productos para venderlos en el mercado negro local.

De cualquieras de las maneras, estaba claro que bajo esa casa de la plaza de Mina había unas cuevas que conectaban con el mar.

En otra ocasión le escuché decir “En la casa de mi abuela (actual sede de la UNED en Cádiz, en la plaza de San Antonio) había un pasadizo que daba directamente con la Alameda, a la altura de donde se encontraba la Cruz de los Caídos”

¡¡Más cuevas!! Y es que bajo el Cádiz que vemos existe un Cádiz subterráneo, bastante desconocido hoy en día por nosotros pero que fuera usado en siglos pasados para comunicaciones clandestinas, traficar con mercancías y de escondite de personas buscadas.

Estas cuevas de las que hablaba mi abuela son las conocidas como cuevas de Hércules y en su mayoría son antiguas cloacas de la Gades romana, que tienen unas dimensiones aptas para el paso de personas y que fueron reutilizadas por los habitantes de los Cádiz que sucedieron a la era romana.

los glacis y cuevas del cadiz oculto en la maqueta de cadiz

Las Cuevas de María Moco

Las cuevas más famosas y con más leyendas de Cádiz. Pocos son los niños gaditanos que no han odio alguna aventura sobre estas cuevas que se situaban en el entorno de lo que hoy son Las Puertas de Tierra.

Las llamadas cuevas de María Moco realmente forman parte del sistema defensivo de la ciudad de Cádiz por tierra, que tenía todo un sistema de glacis, minas y contraminas. Existiendo gran cantidad de galerías subterráneas para el desplazamiento de las tropas y del ejército con un trazado laberíntico y algunos fosos.

De niño jamás llegué a ver ninguno de los accesos a estas cuevas, pero sí que escuché multitud de veces las advertencias de mi abuela de lo peligroso que era entrar a jugar en dichas cuevas y que han sido muchos los niños que se habían perdido y habían muerto por entrar en las cuevas de María Moco.

Hoy en día, debido a la urbanización de todo el entorno de las Puertas de Tierra, la mayoría de estas cuevas han desaparecido conservándose solo pequeños trazados de las mismas que se encuentran ocultos y fuera de la posibilidad de ser visitados por gaditanos y turistas.

Esperamos que te haya gustado descubrir un poco más sobre el Cádiz oculto y subterráneo, en próximos artículos seguiré descubriendo historias de nuestro Cádiz más personal y oculto. También puedes descubrir más historias con la ruta de los misterios disponible en la aplicación Guideo.

¡Hasta la próxima!