Normalmente las publicaciones que realizamos en nuestro blog de Guideo tratan temas como el turismo, el uso de las nuevas tecnologías, consejos sobre marketing online y por supuesto rutas, monumentos y eventos relacionados principalmente con las ciudades Cádiz, Sevilla y Málaga.

Con este artículo queremos comenzar a escribir también sobre diversas historias, inquietudes y pensamientos que podamos tener tanto mi compañera Nadia como un servidor, con un enfoque muy personal. Artículos que iremos intercalando con los habituales de nuestro blog y que esperamos también te gusten y nos anime a seguir compartiendo vivencias y pensamientos contigo. En esta ocasión me ha tocado estrenarlo así que ¡vamos a comenzar!

Hace ya un par de meses, concretamente un sábado, andaba paseando por la ciudad de Cádiz, era una tarde oscura, a pesar de ser temprano, ya había oscurecido y las calles presentaban un aspecto bastante vacío.

Atardecer sobre las calles de una ciudad

 

Yo, con mi abrigo y mi bufanda iba haciendo “chining”, que es la forma que a modo de chiste, mi pareja y yo solemos referirnos a ir de una tienda de chinos a otras, haciendo su similitud con el término anglosajón de ir de “Shopping”. 

Concretamente esa tarde iba buscando unos moldes de silicona chulos para hacer jabones caseros, pues desde hace unos meses me ha dado por ser un poco creativo y algo más ecológico destinando el aceite usado en elaborar diversos tipos de jabones.

Cuando salía de una de las tiendas de “chinos” de mi ruta programada de “chining”, en la puerta había un chico, un joven de entre 18 y 20 años que sujetaba la correa con la que mantenía controlado a un cachorrito que jugueteaba con los cordones de sus zapatos.

El chico al verme salir del establecimiento se dirigió rápidamente a mí y comenzó a decirme “perdone podría…” y yo sin dejar que terminara rápidamente le contesté “no gracias”. En ese momento me di cuenta que el chico pese a mi negativa había continuado con su petición y alcancé a escuchar “…es que no puedo entrar con el perro”

Dándome cuenta del error de la rápida negativa que le lancé al chaval, vuelvo a preguntarle de no muy buenas formas que qué es lo que desea, a lo que me responde, dejándole ahora hablar y prestándole atención, que si podía comprarle un bote de fijador Giorgi. Nuevamente, y preso aún de mi enorme desconfianza acepto pero le pido que me adelante el dinero mientras le lanzo una mirada inquisitorial.

Tras comprarle el fijador y devolverle el cambio intento mostrar una cara más amable, pero el daño ya estaba realizado y en ese momento empecé a sentir que me había transformado en una persona que no quería ser.

colaborando se pueden superar problemas y objetivos

Vivimos en un mundo cada vez más cómodo, donde existen multitud de formas de satisfacer nuestras necesidades y  estamos rodeados de productos y marcas que nos transmiten lo especiales y únicos que somos. Vivimos en la era de las nuevas tecnologías, donde estamos siendo testigos de una auténtica revolución de las comunicaciones, pero, paradójicamente, cada vez vivimos en el mundo de una manera más aislada, temerosa y desconfiada.

las nuevas tecnologías a veces nos aislan de los que nos rodean

 

Mi reacción con aquel chico ese día no fue otra cosa que fruto de toda esa “cultura” a la desconfianza. Cuando alguien se nos acerca por la calle, lo primero que decimos es “no” y seguimos nuestro camino, cuando viajamos en coche nos aseguramos de tener los pestillos bien echados, no vayan a abrirnos las puertas, cada vez tenemos más cerrojos en nuestro portón y ya no le abrimos la puerta ni al cartero.

Todo esto me preocupa y me hace plantearme cuestiones tales cómo Efectivamente debemos velar por nuestra protección pero ¿Dónde está el límite? ¿Realmente queremos vivir así?

Yo, personalmente, me siento un gran defensor de la colaboración, creo sinceramente en la importancia y el gran cambio y avance que supondría vivir en una sociedad donde colaboráramos con las personas cercanas, en vez de vivir de una manera individualista y altamente egoísta.

Considero que sería necesario que de vez en cuando miráramos a nuestro alrededor y prestáramos nuestra colaboración y de esa manera seríamos capaces de solucionar problemas a los que nos enfrentamos actualmente. Este tipo de colaboración la extrapolaría a cualquier nivel de la sociedad, desde a nivel personal en tu familia, como en tu trabajo entre compañeros, o incluso a nivel empresarial. 

con la ayuda de la colaboración podemos llegar a una sociedad más abierta

 

Efectivamente, siempre existen personas, malas personas, dispuestas a frustrarnos, a abusar de nuestra bondad pero prefiero intentar alejarme de estar personas o pagar el precio de toparme con algunas de ellas a cambio de vivir en una sociedad más abierta y dispuesta colaborar y ayudarse unos a los otros.

Tal y como dijo Blanche Dubois en Un Tranvía llamado deseo “siempre he confiado en la amabilidad de los desconocidos” por lo que elijo confiar e intentar ayudar a los demás, pese a sus posibles consecuencias ¿Y tú, te animas a confiar en los demás? 

Fuentes:

Freepik. Imágenes

Blog desiguales. Imagen Vivian Leigh